Cuarto Domingo de Adviento – Año A

Cuarto Domingo de Adviento – A                                   Kuwait City, 21.12.2013

Is 7, 10-14; Rom 1, 1-7; Mt 1, 18-24

“José, hijo de David, no dudes… Tú le pondrás el nombre Jesús”

Como última etapa de nuestro camino de preparación, la Liturgia nos presenta en este cuarto y último Domingo de Adviento, la imagen de José, hombre justo, hombre que acepta dejarse involucrar en el plan de Dios, a costa de sus propios proyectos. Y así Dios viene, Emanuel, viene para estar con nosotros.

Un hombre justo, un sueño, un ángel, una misión.

Hemos tratado en este Adviento de despertar una vez más, de estar atentos a la voz de Dios, discernir su presencia, liberar el camino y abrirle la puerta para que pueda entrar. En este último domingo, con el ejemplo de José, Dios nos quiere involucrar en su plan. Quiere que nos abramos a su misterio y aceptemos ser parte de su obra para que su venida sea para la salvación de muchos.

No hay nada más convincente que una vida trasformada por el encuentro con Jesús, una vida que se vuelve en un testimonio palpable de que Dios está con nosotros.

Sí, está con nosotros, hombres y mujeres distraídos, personas que nos perdemos en mil cosas corriendo todo el día para alcanzar un pedacito de felicidad, de apreciación, para ganarnos un poco de amor.

Sí, está con nosotros, hombres y mujeres del Twitter y del Facebook, al corriente de todo pero ignorantes de su venida, de su presencia, del gran tesoro que lleva consigo. Ignorantes de quien tenemos al lado,  cerca de los lejanos, pero lejos de los cercanos.

Sí, está con nosotros no sólo para darle un “like”, sino para que sea recibido en nuestra vida, aceptado totalmente, con lo que nos agrada y con lo que menos nos gusta de su propuesta. Está con nosotros para involucrarnos en su plan de salvación, en el cumplimiento de su promesa: “Dios con nosotros”.

Dios ha elegido el joven carpintero de Nazaret para ser el padre terrenal de su hijo. “I Like it” porque nos hace descubrir que para ser involucrados en el plan de salvación de Dios no se necesita un doctorado en teología o un premio Nobel de la paz.

Dios escogió a José porque tiene un corazón grande, listo para cambiar sus proyectos y acoger la propuesta de Dios; tiene un corazón grande, pronto en  reconocer la voluntad de Dios en las palabras de un ángel.

San José, que la Iglesia nos propone en este domingo como modelo de preparación para Navidad, nos resulta ser un gran maestro. José, el patrono de la Iglesia, el padre de Jesús, el esposo de María, fue un hombre que tuvo que cambiar radicalmente su vida, y que, por hacerlo, se ha  encontrado con serios problemas.

¿Quien ha dicho que el encuentro con Dios allanará tu vida en el sonido de ángeles bailando?

Pregúntale a José.

José acepta, se hace a un lado, renuncia a su sueño para hacer realidad el sueño de Dios y de la humanidad.

José es el santo patrono silencioso de quienes tenían sus propios proyectos y han aceptado que el encuentro con Dios se los cambiará, que la vida se les transformará.

Dios necesita hombres así, creyentes así, como José. Mi vida no es mi proyecto de auto satisfacción. Mi vida le pertenece a Dios, pertenece a los demás y tengo que estar listo a conformarla al proyecto de Dios sobre mí. A los pocos días de la Navidad, San José, desde el silencio en el cual se quedó, custodio y guardián de la Sagrada Familia, vela sobre nosotros y nos pide imitar su grandeza.

¿Qué puedo hacer para dejarme involucrar en el proyecto que Dios tiene para mí? ¿Qué tengo que hacer para que mi vida, mis elecciones, mi modo de relacionarme con los demás sean el testimonio de una profecía cumplida: “Dios está con nosotros”?

¿Quién soy yo para que Dios me involucre en su proyecto?

“José, hijo de David, no dudes… Tú le pondrás el nombre Jesús”

María pronunció su “sí”. También San José. Y también lo hicieron una miríada de hombres y mujeres a lo largo de los siglos.

Ahora me toca a mí dar una respuesta!


 

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